Elecciones al Colegio de Graduados
Sociales
Una profesión en continuo cambio
Carmen
Pleite Broseta 21.03.2017 | 04:15
Son muchos los retos
que afrontamos los graduados sociales en los tiempos actuales. Estoy convenida
que estamos hechos de una pasta especial. Me atrevo a decir que nuestro nivel
de exigencia y profesionalidad es inmensamente mayor que el de cualquier otra profesión
jurídica, tanto a nivel de conocimientos como de plazos y resultados, con el
obstáculo añadido de que nuestro trabajo requiere un día a día adaptado a las
nuevas necesidades que la sociedad y la Administración demandan a velocidades
en ocasiones endiabladas.
La gestión vive en
continuo cambio, lo que hace que el nivel de atención al trabajo técnico sea
máximo. Pensemos por ejemplo en las miles y miles de notificaciones que
preparamos cada día. No en vano, es la vida de una empresa trasladado a una
persona, que debe hacer de interlocutor entre la empresa y la Administración.
Todo ese engranaje entre ambos recae en la figura del graduado social.
Las áreas de trabajo
en las que intervenimos pueden sintetizarse básicamente en dos: gestión y
asesoramiento en relaciones laborales, tanto individuales como colectivas
(contratación, despidos, recursos humanos, expedientes de regulación de empleo,
negociación de convenios colectivos, seguros sociales...), y representación
procesal y defensa ante los tribunales laborales. A las que cabría añadir el
asesoramiento a organizaciones sindicales y empresariales y a sus afiliados.
En un entorno como el
actual de cambios fulgurantes, tanto a nivel tecnológico como normativo, donde
aparece la globalización y por tanto la internacionalización, el perfil del
graduado social es clave para el desempeño y la especialización de nuestra
profesión.
Otro de los retos que debemos dar solución tiene que ver con la imagen un tanto
difusa que proyectamos como colectivo. En este sentido, debemos darle valor a
nuestra profesión, pues el graduado social es en último término quien organiza
la empresa de cara al exterior. El solapamiento de profesiones afines hace que
no esté muy clara nuestra función de cara a la opinión pública. Somos quienes
gestionamos el principal activo de cualquier empresa, las relaciones laborales.
Y sin embargo, muchas veces somos los grandes desconocidos. El abogado, por
ejemplo, cuenta con un reconocimiento público que se ha ganado también al
contar con un camino mucho más largo.
Es necesario también
reforzar la insuficiente carga jurídica que presentan los planes de estudios de
Relaciones Laborales. Para intervenir en los Juzgados de lo Social con las
máximas garantías, se hace necesario contar con una preparación más amplia,
mejorada.
Por último, pero no
por ello menos importante, todos los graduados sociales debemos ser conscientes
de la importancia de aplicar y respetar el Código Deontológico. Algo que no
siempre ocurre, desgraciadamente, y que en otras profesiones se respeta mucho,
salvo honrosas excepciones. Hay que dar mayor visibilidad a nuestro código
deontológico, utilizarlo y respetarlo. Esto es básico. Debemos exigir su
cumplimiento para tratar de conseguir el respeto necesario entre compañeros. A
nivel de planes de estudio, muchos pensamos que la deontología profesional
debería incluso ser una asignatura si no troncal, al menos opcional.
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